martes, 26 de julio de 2016

7 curiosidades sobre SIETE LIBROS PARA EVA

Hola a todos.

Ayer fue el Día de Galicia y no colgué una entrada porque no tuve acceso al ordenador hasta bien entrada la noche. He pensado que, en compensación, yo que no suelo hablar de mí, puedo colgar hoy siete curiosidades sobre SIETE LIBROS PARA EVA. Entre otras cosas, porque no solo yo soy gallego sino que la novela también la ambiento en Galicia.

1.- Comencé a trabajar en ella en 2011. Durante estos cinco años la paré para escribir y publicar otras dos. “Muerte sin resurrección”, nada más comenzar, y “Café y cigarrillos para un funeral”, cerca del final. La primera porque necesitaba publicar una novela en seis meses y preferí empezar de cero una nueva y más sencilla, y la segunda, porque surgió poco antes de acabarla el proyecto de Serial Books.

2.- Antes de titularse SIETE LIBROS PARA EVA, tuvo otro título. Los ganadores en el sorteo de “Los libros de Dánae” os habréis dado cuenta de que el archivo que recibisteis se llama “MAC-Kindle”. Esto es debido a que, en un principio y hasta hace solo dos años, la novela se iba a llamar de otro modo: “Matar a Cenicienta”, MAC. A pesar de haber variado un poco la trama, estoy seguro de que los que la hayáis leído le encontraréis sentido a ese título.

3.- El personaje de MANUEL existe en el mundo real. Eso sí, ni se llama Manuel ni es político... ni es masculino. Pero existe tal y como está reflejado en la novela.

4.- “Muerte sin resurrección” es la hermana pequeña de SIETE LIBROS PARA EVA. O esta la hermana mayor de la primera. Como dije en el primer punto, nada más comenzarla me di cuenta de que necesitaba publicar una novela en seis meses. Como no me consideraba capacitado para acabarla en ese plazo, decidí frenarla y comenzar otra de cero más sencilla de escribir, pero con un esquema similar. Quizá en el resultado final no se aprecie la relación, pero os aseguro que existe en el armazón. En SIETE LIBROS PARA EVA, llevo tres hilos argumentales y, lo que hice en Muerte sin resurrección, fue coger uno y desarrollarlo desde dos ángulos.

5.- Dos editoriales quisieron publicarla ¡antes de estar escrita! Me resultó curioso, porque yo solo había publicado una novela. Una, cuando llevaba diez capítulos y otra, sin leer absolutamente nada. Y no, no eran ni de coedición ni de autopublicación, os lo aseguro. Al final, la segunda la deseché por la primera, y la primera porque no llegamos a un acuerdo.

6.- La idea inicial del argumento partió de un sueño. Aunque no os lo parezca, este es un punto muy curioso, porque nunca, nunca, recuerdo lo que he soñado la noche anterior. Soy de los que se echa a dormir y ya no se entera de nada más hasta que suena el despertador. Cuando lo hago, un par de veces al año a lo sumo, suele darme el argumento de una novela. De hecho, SIETE LIBROS PARA EVA no es la única.

7.- La parte que más trabajo me costó escribir fue el final. Incluso llegué a pensar que había creado una trama que no conseguiría convertir en novela y que tendría que variarla o descartar todo lo escrito. No es que no supiese cómo quería que acabase, sino que no sabía comcómoo plantearlo. Lo escribí desde cero tres veces, lo reformé por completo otras cinco y, al final, “Café y cigarrillos para un funeral” me sirvió de guía. Pensaréis qué tiene de complicado. Pues que debía meter una trama suficiente para una nueva novela en no más de 15 o 20 mil palabras porque, de lo contrario, el resultado final podría parecerse demasiado a dos novelas unidas, que se anularan entre sí. Espero haberlo conseguido.

En fin, que espero que os hayan resultado interesantes y solo me queda invitaros a leerla.
Os dejo los links de compra (porque aquí en el blog todavía no los he colgado).

- USA/ Latinoamérica: amazon.com/dp/B01HVYEAA8/

Un abrazo.
Roberto.


lunes, 6 de junio de 2016

NO RESURRECTION ("Muerte sin resurrección" en inglés)






PALM SUNDAY

1

   There was little else to say. The woman rounded off her serene exposition and remained silent, as if wanting to give the young priest some time to assimilate everything that he had just heard. It was necessary for him to take a few seconds, and he shifted nervously in his seat a couple of times. When he finally became aware of the fact that the woman had finished, he did not know what to say. Of course, he had felt uncomfortable in the confessional on a few other occasions, including those in which he had had to endure sexual propositions, but this one today was very different. He noticed how his blood had run cold through his veins, and the warm aroma of incense and laurel in the church had transformed within his small, enclosed corner, into a macabre stench of death. A sensation that was as indescribable as it was repulsive.
   Finally, he stuttered several times, and only managed to say timidly:
      “I cannot grant you absolution. At least, not right now.”
        “I understand.”
   The confession now over, the priest looked up through the screen, and could see as the woman was beginning to stand up, just as she was asking him one last question:
          “Can I rely on you?”
   The young priest hesitated for a moment. Not because he wanted to think about his response, but rather more as a result of the pure state of bewilderment in which he found himself.
        “Yes, I will be there. The exact same time next week…” he answered, eventually, trying to find a sign of confirmation from her.
   But there was no answer. Nor were there any more questions. The woman finished getting up, and then her image disappeared from behind the screen.
   The priest slightly opened the upper part of his confessional and, through the narrow crack, he followed her with his eyes. Her features were rounded, as if created in accordance with an established model. Her hair, black and tied back in a ponytail. Nothing in those moments differentiated her from the rest of the people in the church and, in spite of the attractive curves that one could make out beneath her jeans and modest t-shirt, nobody took any notice of her.
   In a few short seconds, he slipped away down the side nave, making his way discreetly towards the exit door. He did not stop to pray, or do a penance, or even pause at the Eucharist. Put simply, he just went.
  The young priest tilted his head unconsciously, trying to follow her for longer, but it ended up being impossible amongst the multitude of people packed into the church. As soon as the woman had completely disappeared from his reduced field of vision, he could not avoid crossing himself quickly, in a compulsive manner, as if he had just seen the very Devil itself. A real one, of flesh and bone, and it had even told him its name: Emma.
   He was certain now that he would never forget it.



___________________

_________________